Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa 2016: la paranoia de los dirigentes frente a los periodistas

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Un artículo de Reporteros sin Fronteras

Reporteros sin Fronteras (RSF) publica la edición 2016 de la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa. El desempeño global muestra un clima de miedo generalizado y de tensiones, que se suma a una creciente influencia de los Estados y de los intereses privados en las redacciones.

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La edición 2016 de la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa muestra la intensidad de las acometidas de los Estados, de ciertas ideologías y de intereses privados contra la libertad y la independencia del periodismo.

Esta lista –que constituye una referencia en todo el mundo– muestra las posiciones que ocupan 180 países de acuerdo al margen de acción de sus periodistas. Al observar los índices regionales, encontramos que Europa (índice de 19,8 puntos) sigue siendo la zona en la que los medios de comunicación cuentan con mayor libertad, seguida –a gran distancia– por África (36,9) que, hecho inédito, pasa delante de América (37,1), debido a que América Latina se encuentra sumergida una creciente violencia contra los periodistas. Siguen las zonas de Asia (43,8), Europa del Este y Asia Central (48,4). Al final se encuentra África del Norte/Oriente Medio (50,8), que sigue siendo la región del mundo donde los periodistas enfrentan más vicisitudes y de todo tipo.

Tres países de Europa del Norte se encuentran a la cabeza de la Clasificación: Finlandia (1er. lugar desde 2010), los Países Bajos (2o, +2 lugares) y Noruega (3o, 1). En lo que respecta a las evoluciones más notables, encontramos el caso de Túnez (96o, +30), cuya situación mejoró porque disminuyeron las agresiones y los procesos legales contra periodistas, así como el de Ucrania (107o, +22), que ascendió en la Clasificación gracias a una relativa calma en el conflicto.

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Free flow of information, How is it important for a culture of peace?

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En el caso opuesto encontramos a Polonia (47o, 29), que sufrió una fuerte caída debido a que el partido ultraconservador retomó el control de los medios de comunicación. Mucho más abajo se encuentra Tayikistán, que sufrió una gran caída a causa de los excesos autoritarios del régimen (150o, 34). El Sultanato de Brunei también sufrió un retroceso espectacular (155o, 34), imputable a la instauración de la sharia y a las acusaciones de blasfemia, que provocan una fuerte autocensura. Burundi se hundió (156o, 11) debido a que fue escenario de actos de violencia contra periodistas tras la cuestionada candidatura y, más tarde, reelección, del presidente Pierre Nkurunziza. En la parte más baja de la Clasificación se encuentra el trío infernal, conformado por Turkmenistán (178o), Corea del Norte (179o) y Eritrea (180o).

“Desafortunadamente, es un hecho notable que numerosos dirigentes en el mundo han desarrollado una especie de paranoia frente al ejercicio legítimo del periodismo” señaló Christophe Deloire, Secretario General de RSF. “El clima general de miedo acarrea un odio creciente al debate y al pluralismo, un bloqueo de los medios de comunicación por parte de gobiernos en plenos excesos autoritarios y liberticidas, así como una influencia creciente de los intereses particulares en la información, en el sector privado. Es esencial defender el periodismo digno de ese nombre frente al incremento de la propaganda y de la información dictada o patrocinada por intereses particulares. Garantizar el derecho de los ciudadanos a una información independiente y confiable es una de las soluciones a los problemas locales y globales que enfrentamos” añadió

La Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa, publicada cada año por RSF desde 2002, es una herramienta de promoción esencial, basada en el principio de emulación entre Estados. Su prestigio le ha permitido adquirir una influencia cada vez mayor ante los medios de comunicación, las autoridades públicas de los Estados y las organizaciones internacionales.

La Clasificación se sustenta en una evaluación de la situación de la libertad de prensa, basada en una valoración del pluralismo, de la independencia de los medios de comunicación, de la calidad del marco legal y de la seguridad de los periodistas en 180 países. Ésta se elabora a través de un cuestionario traducido en veinte lenguas enviado a expertos del todo el mundo. A este análisis cualitativo se suma un registro cuantitativo de los actos de violencia cometidos contra periodistas en el periodo tomado en cuenta.

La Clasificación no es un indicador de la calidad de la producción periodística ni un palmarés de las políticas públicas, incluso si los gobiernos tienen una gran responsabilidad en la situación.