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¿UN MOVIMIENTO JUVENIL MUNDIAL?

¿Vemos el amanecer de un movimiento juvenil mundial por la paz y el desarrollo sostenible?

Si Australia es un ejemplo, la respuesta puede ser sí.

En Australia, el panorama político cambió drásticamente en las elecciones recientes, en las cuales los jóvenes votaron en números récord para abordar los problemas que más les importan: el cambio climático, los desafíos de la vivienda y el aumento del costo de vida. El “greenslide” electoral estuvo compuesto, principalmente, por victorias de los escaños con mayor población de jóvenes.

En otros países del mundo, es la nueva generación la que ha tomado la iniciativa del cambio social.

En Chile, el joven presidente Gabriel Boric ganó en las urnas en diciembre con un apoyo popular histórico que supera, incluso, lo que los propios partidarios del candidato podrían habían imaginado. En este sentido, una variable importante para la victoria fue, sin duda, la participación de los jóvenes. La juventud de Gabriel y del equipo que lo acompañó en su campaña fue un gran activo frente a una sociedad cansada de los mismos rostros de siempre, donde se había dejado de lado a los jóvenes. Su movimiento no solo representa un cambio político, sino también un cambio generacional; no cabe duda que acompaña un proceso que ha sido planteado principalmente en los últimos tiempos por los jóvenes.

En Brasil, un ejército de voluntarios, en pocas semanas, registró a cientos de miles de votantes primerizos. Su campaña nacional apunta a la apatía de los votantes jóvenes y podría ayudar a reforzar una resbaladiza ventaja para el expresidente de izquierda Luiz Inacio Lula da Silva, mientras busca derrocar al presidente de extrema derecha, Jair Bolsonaro, en las elecciones presidenciales de octubre. “A nadie le gusta Bolsonaro”, dijo Evelyn Santana, de 17 años, poco después de registrar sus datos para votar. “Entre mis amigos, la mayoría de la gente votará (por Lula). Quieren que Bolsonaro se vaya”. Las encuestas muestran que la tendencia continúa a nivel nacional. Más de la mitad de los jóvenes entre 15 y 24 años prefieren a Lula, según una encuesta de la encuestadora Datafolha, mientras que menos del 25% de ese grupo de edad apoya a Bolsonaro.

En Colombia, la candidatura de Gustavo Petro pasó a la segunda vuelta con el apoyo, sobre todo, de la juventud colombiana, que exige cambios y una mejora en las condiciones de vida. De hecho, esta demanda se gritó durante meses el año pasado en las calles de Colombia, durante un paro nacional sin precedentes. Los jóvenes son un grupo demográfico clave para Gustavo Petro, quien tiene cerca del 50% de apoyo entre los votantes de ese grupo de edad. La segunda vuelta de las elecciones tendrá lugar el 19 de junio.

En Francia, los votantes jóvenes son la clave para las posibilidades de los partidos políticos de izquierda, unidos en una coalición llamada NUPES (Nueva Unión Popular Ecológica y Social) para acceder al poder en la Asamblea Nacional durante las elecciones previstas para el 12 y 19 de junio. En este contexto, se dio mucha publicidad a un discurso pronunciado en la prestigiosa ceremonia de graduación de AgroParisTech el 10 de mayo, en la que ocho estudiantes declararon que se negaban a realizar “trabajos destructivos” y llamaron a sus compañeros a unirse a las luchas ecológicas y a trabajar con sus manos.

En Estados Unidos, fueron los estudiantes quienes tomaron la iniciativa de responder a las continuas masacres en las escuelas, exigiendo que se prohibiera la venta de armas militares. Aunque el presidente Biden ha dicho que hay que hacer algo, el Congreso de los Estados Unidos sigue dominado por el lobby de las armas. “Los legisladores deben tener en cuenta que, si no podemos votar ahora, deben escuchar porque eventualmente podremos votar” dijo Maddie Ahmadi, de 17 años y miembro del comité de Students Demand Action. “Y si no nos escuchan y no aprueban una legislación de armas con sentido común, los vamos a echar”.

Y en Rusia, donde el presidente Putin y la legislatura de la Duma están impulsando la guerra en Ucrania y suprimiendo cualquier expresión de oposición, los jóvenes han sido el único sector de la población que está en contra de la guerra. En la encuesta realizada a principios de marzo, solo el 29% de los jóvenes de 18 a 24 años apoyaba la guerra, mientras que la apoyaba el 60% de la población general. El tiempo dirá si su oposición puede ayudar a poner fin a la guerra.

Aún con todas las malas noticias (guerra en Ucrania, cambio climático, hambruna global, guerras de información, migraciones masivas) y pronósticos sombríos (crack del dólar, caída de Putin, guerra civil en los Estados Unidos, peligro de la Tercera Guerra Mundial), ¿Podemos soñar todavía con la tierra prometida de la paz? Solo podemos esperar a que la próxima generación brinde el liderazgo necesario para sobrevivir estos peligrosos momentos de la historia y nos guíe hacia una cultura de paz.